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Más tarde aparece el mensajero a quien le comunicaban verbalmente el mensaje que era trasmitido al destinatario, también de palabra. Recorría muchas veces grandes distancias a pie, a caballo o en las famosas diligencias.
Viene luego la escritura como medio de comunicarse y así el escrito o carta se le entregaba también al mensajero para ser llevado a su destinatario. El costo de este servicio se cobraba de acuerdo a la distancia y era cubierto tanto por quien enviaba el mensaje como por el que lo recibía.
Así, el acceso a este servicio de correo se reducía a las gentes adineradas, reyes, banqueros y algunos religiosos. Y para prestarlo se establecieron compañías comerciales que cubrían extensos territorios de varios continentes.
En 1837 Rowlan Hill, maestro de escuela inglés, pública un folleto en que anota que el correo debía cobrarse por el peso y no por la distancia y que este servicio debía sufragarse previamente. Esta obra clásica en la literatura filatélica la tituló "Reformas a la oficina postal, su importancia y su práctica" y así el 6 de mayo de 1840, el Reino Unido emite por primera vez en la historia del mundo, un sello de correo o estampilla.
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